Núria Altés, viticultora: “Quien visita mi bodega puede viajar en el tiempo a través del vino por su preservación y el respeto que tenemos a nuestros antepasados”
Elena Horrillo | Comer - LA VANGUARDIA
Herència Altés, en Terra Alta, aboga por reivindicar el legado natural e histórico del vino a través de sus experiencias de enoturismo
El paisaje de la Terra Alta es uno de esos perfectamente reconocibles para cualquiera que haya sido tan afortunado de verlo al menos una vez. Árida, rocosa, rebosante de olivos y viñas y con un carácter mediterráneo que enamoró al mismo Picasso, este pedazo de Tarragona vive la viticultura como pocos. Aquí se encuentra Herència Altés, una bodega formada por Núria Altés y Rafael De Haan, en la que apuestan por la agricultura ecológica, por la sostenibilidad y, sobre todo, por el respeto al patrimonio natural e histórico que les rodea.
Esto les lleva a apostar por las variedades autóctonas, especialmente la garnacha, y por poner en marcha una serie de experiencias de enoturismo marcadas por su afán de conservar la cultura vitivinícola, preservar el paisaje y proteger la biodiversidad de la zona. Una forma de entender la viña, el terruño y la herencia imprescindible para Núria Altés y que llevan por bandera hasta en el propio nombre de su bodega.
Para quienes no conocen Terra Alta, ¿cómo la describiría?
La Terra Alta es una zona rural, que está en la frontera con Aragón, en la Franja de Poniente, y eso hace que su ruralidad se mantenga intacta y también sus paisajes. Su orografía se ha mantenido inalterada durante generaciones y preservamos este mosaico agrícola, este paisaje tan puro y esa autenticidad, que en una época en que todo está muy globalizado, tiene el valor añadido de ser una zona muy auténtica, muy pura.
¿Hasta qué punto el vino es una puerta de entrada para explorarla?
Es un punto de conexión con la zona brutal porque lo que más hay son bodegas y agricultura, así que es una manera muy sana y muy real de vivir la Terra Alta.
Si tuviera que elegir un vino Herència Altés que resuma vuestra identidad, ¿cuál sería?
La Serra Blanc de garnacha blanca porque es un vino de finca, además cualificado, y es un viñedo de principios del siglo XX; por tanto, nos habla de la antigüedad, de la manera de hacer y de la garnacha blanca, tan nuestra.
En el caso de vuestra bodega, ¿cómo ha evolucionado el enoturismo para dar a conocer esta zona?
Nosotros nos lo planteamos desde el principio. La apuesta por traer al visitante a nuestra casa era de mayor importancia porque creemos que solo visitando la zona y habitándola es como la conoces. Siempre fue una apuesta clara; lo que pasa es que estamos muy lejos de la ciudad y así es siempre muy difícil atraer al visitante.
Rafael De Haan y Núria Altées. Cedida
¿Y cómo diseñan esas experiencias para darle al visitante esa parte de emoción y de territorio?
Nosotros nos centramos mucho más en el exterior que en el interior de la bodega porque, al final, aunque está muy cuidada, no deja de ser una bodega; por lo tanto, encontrarás lo que siempre encuentras en una. Lo que realmente la hace especial es que estamos en medio del campo, rodeados de naturaleza, y este contacto para nosotros era vital. Esa preservación de la orografía, de nuestro legado ancestral, lo hace muy especial.
¿Cuál es el perfil de los visitantes que buscan las experiencias de enoturismo?
Nosotros lo enfocamos tanto a parejas como a familias, ya que la parte exterior es muy importante y los niños pueden entretenerse sin que el padre y la madre estén preocupados. A veces se evita visitar una bodega porque se tienen niños pequeños y a lo mejor no sabes cómo se comportarán y qué hacer con ellos, pero este es un espacio donde los niños se sienten relajados y los padres también.
Y le dais mucha importancia a la sostenibilidad…
Tenemos un proyecto medioambiental, somos autónomos con energía solar y creamos un proyecto medioambiental alrededor de la bodega que intenta preservar flora y fauna y que el visitante pueda notar esta conexión constante con el entorno. Cuando hicimos la construcción, plantamos 14.000 plantas autóctonas. Después tenemos puntos de pájaros y de murciélagos para que tengan nidos y tenemos una caja nido que hacemoshacking. Cogemos animales que caen del nido, que encuentran los forestales, los colocamos en la bodega, los alimentamos y cuando son adultos, los dejamos en libertad. También en el límite de la finca hay una pequeña balsa que creamos para dar agua en épocas muy calurosas de verano a los animales vertebrados.
No solo se trata de vino entonces…
Yo creo que al visitar la bodega no hablamos solo de vino. El vino es que se nutre de muchísimas cosas y, entre ellas, toda la historia y la cultura del territorio. Estamos en una zona estratégica porque tenemos a unos metros de la bodega un poblado ibérico donde encontraron un trujal de vino y una prensa del siglo III antes de Cristo. Después, al lado de la ruta principal, han localizado un asentamiento romano. Y tenemos la historia contemporánea; la más reciente es la Batalla del Ebro, con un punto de visita sobre la batalla.
"En nuestra bodega tenemos cuadros de Picasso que son realmente fotocopias del pueblo o de las montañas" Núria Altés, Viticultora
¿Cómo influye el paisaje que os rodea?
La bodega se emplaza en un lugar muy privilegiado, tenemos un valle con un mosaico agrícola superrico, una cordillera de Els Ports que separa el mar Mediterráneo de nuestra casa. También divisamos las montañas de la Horta de San Juan, donde Picasso estuvo varios veranos. Tenemos cuadros de Picasso que son realmente fotocopias del pueblo o de las montañas. Hay un popurrí de situaciones y de paisajes que nos recuerdan la importancia del paisaje, de la viticultura, y por eso entendemos la viña como la protectora de este paisaje.
¿Qué es lo que más impresiona a los visitantes?
Yo creo que las vistas, porque además desde la carretera principal se va llegando y te vas acercando a la parte del inicio de la visita a la bodega y siempre es como “Guau, qué vistas”; es lo que más les impresiona.
Contáis también con La Xalamera, un bar de vinos y experiencias enogastronómicas. ¿Por qué decidisteis abrir este espacio y en qué conecta con vuestra bodega?
Nosotros creemos firmemente que el vino y la gastronomía tienen que ir de la mano. El vino se tiene que entender como un producto gastronómico y, por tanto, acercar al visitante al producto gastronómico de la zona. Tenemos un espacio muy agradable donde ver una puesta de sol y tomar un buen vino acompañado de una tapa bien elaborada. Oriol Casals, cocinero y propietario de Teòric Taverna en Barcelona, nos asesoró para hacer una carta dinámica, divertida, con producto del territorio y fácil de elaborar.
Cada vez se busca más la historia y todo lo que rodea al vino. ¿Hacia dónde cree que va a evolucionar el enoturismo?
A mí me gustaría caminar hacia un enoturismo sostenible, no me gusta que el turismo masifique las zonas, ni mucho menos la mía, porque es muy destructivo y eso es algo que nosotros ni siquiera nos planteamos, pero sí llegar a un turismo respetuoso, que crezca paulatinamente, que la gente vaya apreciando el territorio y que también eso nos ayude a posicionar los vinos de Terra Alta en un lugar privilegiado, pero sobre todo desde el respeto. Quiero creer que hay futuro y que será una pata importante de nuestro negocio en breve.
Núria Altés: “Hablaba antes de un poblado ibérico, donde ya los íberos hacían sus vinos”. Cedida
Actualmente hay una bajada de consumo de vino. ¿Puede ayudar el enoturismo?
El vino es gastronomía, es cultura, es historia, y yo creo que desde el enoturismo podemos también explicar al consumidor qué es el vino, que el vino nos ha acompañado desde tiempos inmemoriales. Hablaba antes de un poblado ibérico, donde ya los íberos hacían sus vinos. Siempre ha sido un poco la bebida de los dioses. Obviamente, siempre desde el consumo responsable y acompañado de comida, pero es una bebida que no tiene que ver con una bebida alcohólica.
De vuestras experiencias, ¿cuál es la favorita o la que más demanda tiene?
La que más se consume es la de ‘Descubriendo Herència Altés’ porque es una primera visita, un primer descubrimiento a la bodega. Aunque quizá la más especial es la de ‘Amantes del Vino’ porque damos a probar los vinos de finca, la niña bonita de nuestra historia, que hablan del terruño y de antigüedad del viñedo. Luego, esporádicamente tenemos un monográfico de garnacha blanca, porque tenemos varios vinos monovarietales de garnacha blanca y esto permite hacer un viaje y descubrir la versatilidad de esta variedad que es tan nuestra.
Habéis preparado una experiencia especial para el eclipse del 12 de agosto. ¿En qué consiste y por qué la habéis puesto en marcha?
Bueno, ya que somos privilegiados en la visibilización del eclipse, en una de las zonas de España donde se verá mejor, pues habíamos pensado aprovecharlo, creemos que tenemos un espacio muy idóneo para verlo. Empezaremos en la tarde; viene un astrónomo que nos explicará un poco estos misterios de la luna y el sol y después haremos un paseo muy pintoresco y bucólico que nos llevará hasta el punto más bueno de visualización del eclipse; allí podremos probar algún vino. Después nos desplazaremos a la bodega, preparamos una cena con producto kilómetro cero, mientras una chica toca el violoncelo y después habrá un espectáculo de circo. Al final de la cena y de los espectáculos habrá otro astrónomo para la observación de estrellas.
El eclipse coincide con las Perseidas o Lágrimas de San Lorenzo.
Sí, creo que será bastante bonito y tenemos también unos glamping esporádicos en los que normalmente no se puede pernoctar, pero aquellos que lo deseen podrán hacerlo.
"La Terra Alta es una de las zonas de España donde se verá mejor; habíamos pensado aprovecharlo y creemos que tenemos un espacio muy idóneo" Núria Altés, Viticultora
¿Qué le gustaría que se llevase una persona que os visita por primera vez?
Bueno, me gustaría que pusieran en valor esa conexión del vino con el paisaje y con el territorio, desde el respeto a la viticultura ecológica, que es lo que nosotros estamos haciendo. Que pueda viajar en el tiempo a través de la viticultura por su preservación y el respeto a nuestros antepasados. Eso sería muy bonito, es una manera muy romántica de entender la viticultura, que a mí personalmente me encanta, porque creo que no tenemos que descubrir nada, pero sí aprender de la sabiduría de nuestros antepasados.